OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

(La primera vez que compartí esta historia fue hace 15 años, cuando la hermana Hawkins y yo vivíamos en Inglaterra y me pareció muy relevante para hoy en día).

¡TENEMOS LA CURA!

El día ha terminado y usted está manejando a casa. Enciende la radio. Hay una noticia sobre un pequeño pueblo en India donde algunos aldeanos murieron repentinamente, extrañamente, de una gripe que nunca se había visto. Tres o cuatro personas están muertas y están enviando a algunos médicos para investigarlo. No piensa mucho en eso, pero el domingo, cuando usted vuelve a casa del servicio religioso, escucha otra noticia. Esta vez no son tres o cuatro aldeanos, sino 30,000 personas están infectadas en las colinas de esta área particular de India, y la noticia está en la televisión esa noche. Los científicos del Centro para el Control de Enfermedades en Atlanta, Georgia, se dirigen a la India porque nunca se había visto esta cepa de la enfermedad. Para el lunes por la mañana, cuando usted se levanta, está es la historia principal en todos los periódicos. Esta enfermedad no solo ha llegado a la India, sino que se ha extendido a Pakistán, Afganistán e Irán.

Pronto, usted está escuchando la historia en todas partes. Ellos están llamando a esta enfermedad “La Gripe Misteriosa”. El presidente ha comentado que él y todos están orando y esperando que todo vaya bien por allí. Pero todos se preguntan, “¿Cómo la vamos a contener?” Es entonces cuando el Primer Ministro del Reino Unido hace un anuncio que conmociona a Europa. Él está cerrando sus fronteras. No hay vuelos desde la India, Pakistán o ninguno de los países donde se ha reportado esta enfermedad. Esa noche, mientras usted mira las noticias, los temores de todos se hacen realidad cuando un funcionario de salud del gobierno británico entrevistado por la BBC anuncia: “Hay un hombre acostado en un hospital en Londres muriendo de “La Gripe Misteriosa.” Esta enfermedad ha llegado a Europa.

El pánico estalla. Lo mejor que ellos pueden decir, los síntomas no aparecen durante aproximadamente una semana después de que alguien está infectado. Lo que sigue son cuatro días de síntomas horribles, y luego, una muerte segura. España y Alemania cierran sus fronteras, pero es demasiado tarde. Madrid, Barcelona, Múnich y Hamburgo están infectados, y es martes por la mañana cuando el presidente de los Estados Unidos hace el siguiente anuncio: “Debido a un riesgo de seguridad nacional, todos los vuelos hacia y desde Europa y Asia han sido cancelados. Si sus seres queridos están en el extranjero, lo siento. Las fronteras estarán cerradas hasta que se encuentre una cura para esta enfermedad devastadora y de rápida propagación” En cuatro días, Estados Unidos se han sumido en el miedo. La gente está vendiendo máscaras para cubrirse la boca y la nariz. La gente se pregunta “¿Qué pasa si la enfermedad llega a este país? Es miércoles por la noche, y usted está en la reunión de oración en casa cuando alguien se apresura y dice: “¡Enciende la televisión! ¡Enciende la televisión!” Y mientras los miembros de la Iglesia observan, se hace el anuncio oficial: “Se ha confirmado que dos mujeres están ingresadas en un hospital de Nueva York muriendo a causa de “La Gripe Misteriosa.” Parece que en unos días la enfermedad se extiende por todo el país. La gente está trabajando las 24 horas tratando de encontrar una cura. Nada está funcionando. Los Ángeles, Washington, D.C. Atlanta, Chicago, Dallas, todos están infectados. Es como si se propagara desde las fronteras. Miles y miles de personas se están muriendo en este país y en todo el mundo.

Entonces, de repente, sale la noticia. Se puede encontrar la cura. Se puede hacer una vacuna. Sin embargo, se requerirá la sangre de alguien que no haya sido infectado y tenga un cierto tipo de sangre. En todo Los Estados Unidos, a través de una transmisión de emergencia, se pide a todos que hagan una cosa simple: ir al hospital más cercano y que le tomen un poco de su sangre. Eso es todo lo que se le pide. Cuando su vecindario en particular sea llamado, diríjase de manera rápida, silenciosa y segura a los hospitales.

Finalmente, su vecindario es llamado y cuando usted y su familia llegan al hospital a última hora de la noche del viernes, hay una larga fila, y tienen enfermeras y médicos que salen y pinchan los dedos, toman sangre y le ponen etiquetas. Mientras usted, su esposa e hijos hacen fila afuera, una enfermera toma un poco de su sangre y les dice: “Esperen aquí en el estacionamiento, y si no llamamos su nombre en 15 minutos, pueden retirarse e irse a casa”. Usted permanece allí, asustado, con sus vecinos, preguntándose qué está pasando.

De repente, un joven sale corriendo del hospital gritando. Está gritando un nombre y agitando un portapapeles. “¿qué fue eso?” ¡Él lo grita de nuevo! Su hijo tira de su chaqueta y le dice: “Papi, ese soy yo”. Antes de que usted se de cuenta, han agarrado a su niño. “¡Espere un momento, espere!” Y dicen: “Está bien, su sangre está limpia. Su sangre es pura. Queremos asegurarnos de que no tenga la enfermedad. Creemos que tiene el tipo de sangre correcto”. Veinte tensos minutos después, salieron los médicos y las enfermeras, llorando y abrazándose, algunos incluso se ríen. Es la primera vez que usted ve a alguien reír en una semana, y un doctor anciano se le acerca y le dice: “Gracias, señor. El tipo de sangre de su hijo es perfecta”. Está limpia, está pura y podemos hacer la vacuna”.

Cuando la noticia comienza a extenderse por todo el estacionamiento lleno de gente, la gente grita, ora, ríe y llora. Pero luego el médico de cabello gris y serio semblante los aparta a usted y a su esposa y les dice: “¿Podemos verlos por un momento? No nos dimos cuenta de que el donante sería un menor y necesitamos…necesitamos que usted firme un formulario de consentimiento”. Usted comienza a firmar y luego ve que la cantidad de pintas de sangre a tomar están vacías. “¿Cuántas pintas?” Y es entonces cuando el rostro del anciano médico se pone muy serio y dice: “No teníamos idea de que sería un niño pequeño. No estábamos preparados. La necesitamos toda”. Cuando usted empieza a objetar, “pero…pero…”, el médico interrumpe y dice: “No entiende. Estamos hablando del mundo entero. Por favor firme. Nosotros…nosotros la necesitamos toda”. “¿No puede usted darle una transfusión?” Usted pregunta. “Si tuviéramos sangre limpia lo haríamos, pero no tenemos. ¿Podría firmar?” En un paralizado silencio, usted firma. Luego se le pregunta: “¿Le gustaría tener un momento con su hijo antes de comenzar?”

¿Puede usted caminar de regreso a la habitación donde está sentado su hijo en una mesa y escucharlo preguntar?: “¿Papá? ¿Qué está pasando?” ¿Puede usted tomar sus manos y decirle: “Hijo, sabes que te amo, y nunca dejaría que te pasara algo que no tuviera que ser así? ¿Entiendes eso?” Y cuando el médico regresa y dice: “Lo siento, tenemos que comenzar” La gente de todo el mundo se está muriendo” ¿Puede usted irse? ¿Puede salir mientras su hijo dice: “¿Papi? ¿Papi? ¿Por qué me dejas? ¿Por qué me estás abandonando?”

Sabe que, eso es exactamente lo que hizo Dios. Él entregó a Su hijo como sacrificio para salvar a las personas que no lo conocían, a las personas que lo odiaban, a usted y a mí. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:9, 10).

Más de 150,000 personas en este mundo mueren cada día. ¿Cuántas están preparadas adecuadamente para encontrarse con Dios? Su fiel donación a las misiones nos ayuda a llevar la cura a los que están muriendo, a compartir las buenas noticias sobre el poder de la sangre de Jesucristo sobre cada pecado y sobre todas las enfermedades y dolencias. Por favor, oren fervientemente por las Misiones Mundiales de Marzo: ¡el mundo está en aflicción y nosotros tenemos la cura! ¡Dios les bendiga!

Por el Obispo Robert Hawkins, Coordinador General de Misiones Mundiales de La Iglesia de Dios.

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