Stanley Reuben nació el 31 de octubre de 1894 en una familia grande pero pobre de John y Margaret Ferguson en Cabbage Hill, Crooked Island, Bahamas. Dado que era el hijo mayor, era necesario que abandonara la escuela a una edad temprana para mantener a la familia. Ayudó a su padre en la granja y en los barcos de pesca. A los dieciséis años, Stanley, como muchos de sus amigos, trabajaba como estibador (uno que trabaja en los muelles, cargando y descargando barcos) en barcos de vapor que viajaban a Sudamérica y también en la Zona del Canal de Panamá en Centro América. Cuando el trabajo de cargador se detuvo durante la Primera Guerra Mundial, Stanley siguió una profesión ilustre en el boxeo. Creció a una posición importante, se convirtió en un luchador de peso pesado y, finalmente, fue campeón del Caribe. Se casó con Julia Moss en 1917 y poco después viajó a Miami, Florida, para trabajar en un aserradero. Fue en Princeton, Florida, después de la repentina muerte de su esposa en 1918, que Stanley Ferguson entregó su corazón al Señor. Mientras oraba, el Señor le mostró una visión en la que fue levantado en el aire y suspendido entre la tierra y el cielo, con una voz que decía tres veces: “Profetiza, hijo del hombre. Profetiza”. Regresó a su hogar en Cabbage Hill en 1919, donde comenzó a predicar a su familia y parientes.

Stanley Ferguson fue ordenado ministro de la Iglesia Bautista en Browns, Crooked Island, debido a este fervor religioso y celo. Buscó al Señor fervientemente y pronto recibió la experiencia de la “santificación”. Después de esta experiencia, sus mensajes de “liberación” y “vivir libre de pecado” fueron vistas como algo “exagerado” y “radicales” para sus seguidores bautistas, lo que resultó en su expulsión de la Iglesia Bautista. Se convirtió en un predicador ambulante en su isla, en medio de mucha oposición y ridículo. Aunque exitoso en el ministerio, Ferguson anhelaba y buscaba algo que no podía encontrar en las “iglesias ortodoxas establecidas”. De hecho, lo encontró en 1921 mientras visitaba Miami, Florida, donde se encontró con una banda de santos “fervorosos” llamada la “Iglesia de Dios”. Se identificó y se unió a este grupo de creyentes que defendieron los estándares de “santidad” y vida justa. Después fue bautizado en agua y, en 1922, recibió el bautismo del Espíritu Santo y fue licenciado como ministro en la Iglesia de Dios. En 1923 fue ordenado Obispo y nombrado Supervisor de las Bahamas, sirviendo fiel y exitosamente durante once años.

Durante los años 1921 a 1923, Stanley Ferguson trabajó con gozo, vigor y entusiasmo en las islas del sur de las Bahamas organizando varias iglesias y ganándose el nombre de “The Sea Wader” [El Ave zancuda]. Cuando no podía conseguir un bote para viajar de una isla a otra, él se ponía el equipaje en la cabeza y nadaba.

Stanley Ferguson era un hombre visionario lleno de fervor, valentía y determinación. Predicó y vivió una vida de “santidad” y animó a sus ministros a practicar lo que predicaban. Él introdujo “la Convención de la Escuela Dominical” y los auxiliares de la Iglesia para asegurar la expansión del trabajo de la iglesia. Él amaba y abrazaba a la música de tal manera que la iglesia tenía una importante banda de “metales” y “cuerdas” y organizó el primer desfile bautismal con una banda de música en la ciudad de Nassau. Stanley Ferguson realizó con entusiasmo campañas evangelísticas en Florida, Alabama, Tennessee y muchos otros estados de los Estados Unidos, viajando hasta Nueva York.

Ampliamente conocido en todo el mundo de la Iglesia, fue admirado como profeta, predicador y cantante. Tenía muchos, muchos amigos en todo Estados Unidos y en casa. Era un Supervisor obediente y leal; y como voz profética, su asistencia a las asambleas anuales de la Iglesia de Dios durante años (1923-1933) era esperada con mucho interés por miles. Tenía un lugar especial en la plataforma de la Asamblea, sirvió en el Comité de Gastos de la Asamblea y se destacó durante la aprobación y dedicación de la bandera de la Iglesia. Sufrió muchas enfermedades, de 1927 a 1934, pero confió en Dios hasta el final para la “sanidad divina” y la liberación.

El Obispo Stanley fue un héroe, un guerrero, un hombre querido, que dio su vida por la verdad. Su vida fue una vida de amor y fe y fue una bendición para todos. Era un gran orador y un noble líder que murió en su puesto de trabajo, nunca se tomó el tiempo para descansar ni de día ni de noche. Nunca se quejó de cansancio o desánimo, sino fue intrépido y valiente al luchar por la verdad. El Obispo Stanley era un hombre de Dios, un santo excelente.

Lo que logró en su vida será revelado solo en esa mañana eterna. Murió el 23 de julio de 1934 a las 6:45 a.m. en su puesto de labor confiando en el Señor, un héroe fiel hasta el final. Al recibir un telegrama de Alvin Moss sobre la muerte de Stanley Ferguson, el Supervisor General envió el siguiente mensaje a la Iglesia de Dios en todo el mundo: “Stanley R. Ferguson, Supervisor de las Bahamas ha fallecido. Ondee la bandera de la Iglesia de Dios, a media asta por tres días como señal de duelo y respeto. El héroe de muchas batallas murió en su puesto de trabajo; fiel hasta el final. A. J. Tomlinson, Supervisor General”.

Aunque Stanley R. Ferguson ha pasado de esta vida a la siguiente, ¡el espíritu que él tenía todavía vive! Amado Dios, danos más Stanley Fergusons. ¡Por favor recuerde a las Bahamas en sus oraciones!

(Esta información de este artículo fue tomada del libro, Los Santos Saltadores, una Historia Concisa de la Iglesia de Dios de la Profecía en Las Bahamas 1909-1974, por Michael S. Swann, tomada con permiso. Este maravilloso libro puede ser encontrado en línea en Amazon.com y otras librerías en línea y tiene 736 páginas, está lleno de imágenes históricas y está disponible en cubierta dura. Cubierta blanda y en edición Kindle).