OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

Por Kryss Barik, Editor Asistente de La Luz Vespertina

En varias ocasiones, mientras Jesús hablaba a la gente, ya fuera al público en general, los saduceos y fariseos, sus propios discípulos o algún individuo, a menudo hablaba de una manera que su audiencia no lo entendía claramente. Después de relatar la parábola del sembrador, Sus discípulos le preguntaron el significado. Su respuesta en el versículo 13 fue una acusación contra sus corazones endurecidos.

"Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas á los que están fuera, por parábolas todas las cosas; Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿ Cómo. pues. entenderéis todas las parábolas?" (Marcos 4: 11-13).

Es crucial que comprendamos el significado espiritual de cada pasaje de las Sagradas Escrituras. Yo encuentro que los relatos que leemos acerca de la Palabra de Jesús son de suma importancia en la Biblia. La Palabra hecha carne nos habla directamente hoy, mientras leemos. Si permanecemos sensibles al Espíritu, recibiremos una mayor profundidad de estas palabras que en el pasado. ¿No es por eso por lo que seguimos leyendo? Queremos saber más de lo que ya entendemos acerca de Dios y Su voluntad para nuestras vidas.

Cuando Jesús habló a la mujer en el pozo, al principio parece que estaban hablando dos idiomas similares pero diferentes. Las palabras . que Jesús estaba hablando eran reconocibles para la mujer, pero los significados no estaban de acuerdo con su comprensión.

"Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva. La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva? Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed; Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla" (Juan 4: 1 O, 11, 13-15).

Puede que nunca se haya dado cuenta de lo que Jesús le estaba diciendo aquí, sobre el agua viva, pero finalmente lo reconoció por quién Él era y fue a publicar las buenas nuevas sobre el Hombre que le dijo todo lo que ella había hecho.

Lo mismo podría decirse de Nicodemo, aunque no fue tan rápido en ver a Jesús como el Salvador del mundo y anunciar el mensaje de Su llegada.

"Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?"(Juan 3:3,4, 10-12)

En estos dos relatos, Jesús estaba hablando a aquellos que no estaban familiarizados con Él a nivel personal. Aunque tenían curiosidad por la forma de hablar de este hombre interesante, ellos no caminaban con Él a diario. Pero en este próximo pasaje, note que esta incapacidad para ver las cosas desde una perspectiva espiritual no se limitó a aquellos que no estaban familiarizados con el Hijo de Dios.

"Yosoyelpanvivoquehedescendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer? Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él" (Juan 6:51-56, 66).

En estos y muchos otros relatos, vemos la falta de comprensión en los oyentes, y cuestionamos su sinceridad para buscar la plenitud de la verdad. Sin embargo, ¿Acaso somos realmente diferentes? En el relato del Buen Samaritano, entendemos la animosidad entre los judíos y los samaritanos. Reconocemos la hipocresía del sacerdote y el levita que no estaban dispuestos a ayudar a su compatriota. Reconocemos la misericordia y la compasión del samaritano, y su disposición de dar lo que debe haber sido el equivalente de alrededor de $400 dólares además de lo que había gastado para ayudarlo hasta ese momento. Pero ¿entendemos realmente las implicaciones espirituales de este relato?

En mi vida yo me he propuesto de nunca ver a una persona herida o lesionada y negarme a prestarle ayuda. Si alguna vez veo a alguien en apuros, me cuesta mucho estar parado y no hacer nada. Quiero ayudar de cualquier manera que pueda. Sé que ha habido momentos en que mi ayuda física fue necesaria, y estaba allí, listo y dispuesto a ayudar a un extraño. Todo esto es un resultado directo de mi comprensión de lo que Jesús hizo por mí cuando sufrió y murió en mi lugar. El Buen Samaritano siempre permanece en la parte superior de la lista de mis historias favoritas en el Nuevo Testamento. Pero ¿cuántas veces he visto a alguien batallando espiritualmente y simplemente caminé por el otro lado de la calle? ¿Con qué frecuencia los pecadores yacen heridos y medio muertos junto al camino de la vida, y yo no hago caso?

El relato del Buen Samaritano es un llamado a la acción para todo el pueblo de Dios. Es maravilloso cuando Dios pone a alguien con una necesidad física en su camino y le da la voluntad y la capacidad de ayudar. ¿Pero cuánto más importantes son las almas? Este relato nunca señala los aspectos espirituales de la situación como lo hace en otros, pero creo que esto es fácilmente sobreentendido por nuestra comprensión del resto de las parábolas y ejemplos de Jesús. Somos llamados a rescatar a los que perecen. Jesús siempre se ocupó de los asuntos de Su Padre. ¿Estamos siguiendo ese ejemplo? ¿O estamos pasando todo nuestro tiempo buscando todo lo que podemos recibir para nosotros mismos? Es importante conocer la voluntad de Dios, pero solo para que podamos salir y hacer lo que Jesús hizo.

Hoy los caminos de este mundo están llenos de almas que yacen espiritualmente medio muertas. Ni siquiera podemos avanzar sin pasar por encima de los perdidos y moribundos que no tienen esperanza más allá de esta vida. La oscuridad se acerca al mundo que nos rodea; ¿Estamos ignorando de que estamos viviendo en las últimas horas de los últimos días? Dios nos ha otorgado las palabras de vida, y ya es hora de poner esas palabras en acción en beneficio de las almas perdidas. ¿Seremos fieles para curar sus heridas y velar por su recuperación total?

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