"Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos á entrar, para que se llene mi casa" (Lucas 14:23).

Como siervos del Señor, estamos obligados a llenar la casa del Maestro obedeciendo a Su orden de ir y traerlos. En esta parábola, Jesús ilustró la necesidad de salir de casa para buscar las almas perdidas. El trabajo del siervo es ir a buscar en los caminos o en las áreas públicas, alcanzando a los perdidos con un mensaje convincente para que entren. No podemos esperar a que las almas vengan a nosotros, más bien la invitación del Maestro debe hacerse detrás del púlpito y afuera del edificio de la iglesia. La misión requiere que el mensajero lleve el evangelio a los vallados, o fuera de los muros de la ciudad. Hay muchas cosas que a veces encontramos al tratar de alcanzar al pecador. Muchos obstáculos pueden estar en el camino; los muros pueden estar bloqueando el camino para alcanzar esa alma perdida. Pero el Maestro dice: "¡VE!" si no sabemos cómo alcanzarlos, debemos pedirle a Dios que nos muestre cómo. Los caminos conducen a muchos lugares y los vallados pueden mantener al pecador amurallado. Pero detrás de los muros, hay un alma a la que debemos alcanzar. Necesitamos romper las barreras orando y ayunando hasta que haya un orificio en el vallado que nos permita entrar. Es posible que no sepamos a dónde nos llevará el camino, pero si confiamos en la dirección del Señor, nos encontraremos, siendo guiados por el Espíritu Santo, a las ovejas perdidas que deben ser apremiadas a regresar a la Casa del Maestro. ¡Los caminos conducen a la Casa!

Debemos ir por los caminos de África, las murallas de China; los lugares dificiles de ir y los lugares fáciles para alcanzarlos porque ...

¡ESTA CASA DEBE LLENARSE!